Considerar la identidad no como una identidad de un cuerpo físico humano, sino como cada una de las relaciones humanas entre cuerpos físicos.
Imaginar, que cada una de las relaciones humanas, sinceras, las profundas y las no tanto, todas tienen su identidad. E imaginar por un momento, que los cuerpos de por sí no tienen identidad. Que la única identidad la dan y la sienten las relaciones entre las personas, y no las personas de por sí.
Esto podría llevarnos a sentir la identidad en un principio como algo ajeno, pero el asunto es asumir estas existencias múltiples para llegar a la relación de relaciones que seríamos cada uno de nosotros (cuerpos físicos).
Me parece muy valioso pasar por los conceptos de identidad de las relaciones en un momento, para percibir que todas nuestras relaciones tienen su cierta identidad, y para llegar posteriormente a ese concepto de la relación de las relaciones que conviven en uno mismo. Uno es, la relación de todas las relaciones que uno establece con todos los demás seres humanos.
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