Hay momentos en la vida en los que es bueno leer varios libros a la vez… estar con varias mujeres a la vez… no saber en qué remanso del río, florecerá un jardín…
Hay momentos en la vida en los que tener varios dioses adentro, puede ser necesario…
Siempre será, de todas formas, único lo que nos ate a la vida, y único lo que nos dé el único impulso que podemos tener… de vivir... lo único que sobreviva al juego de dejar las cosas suceder… siempre habrá, parece, un único mástil que se levante en esas tormentas del mar de la multiplicidad…
viernes, 11 de junio de 2010
El dolor y la ilusión.
Hay algunos sentimientos que navegan con uno, si uno es el que navega…
De una posición de navegante hablo, física, sentimental, espiritual, intelectual, y hasta socialmente, en donde uno puede seguir siendo lo que es, indefinidamente. Es la idea de una evolución presente, es la idea real del tiempo. Es donde uno es, de su pasado, consciente, y consciente de su futuro. Melancólico, hasta el solo justo grado, de su pasado, e iluso, en el preciso sentido, de su futuro.
Son los sentimientos del dolor melancólico y los de la ilusión comprometida sentimentalmente.
Hay una forma de ser que tenemos comunitariamente. Es admitir nuestro pasado. Y conocerlo… mucho antes de poder admitirlo. Ahora, es cierto que lo conocemos. Y entonces involucrarnos sentimentalmente con las ilusiones… Es el tirante y bello cabrestante de nuestras velas, que tensa tanto el mundo de ilusiones de las velas, en los aires, como uno ficticio, porque nos cuesta mucho imaginar, de unas quillas hacia lo profundo de las aguas de nuestro pasado. Ambas partes de nuestro cuerpo, sentimental y en todos los aspectos, se mueven dentro de sus medios, el futuro y el pasado. Eso también es parte de la tensión del cabrestante de dos cuerdas… Algo que solemos llamar corazón.
Eso es navegar…
De una posición de navegante hablo, física, sentimental, espiritual, intelectual, y hasta socialmente, en donde uno puede seguir siendo lo que es, indefinidamente. Es la idea de una evolución presente, es la idea real del tiempo. Es donde uno es, de su pasado, consciente, y consciente de su futuro. Melancólico, hasta el solo justo grado, de su pasado, e iluso, en el preciso sentido, de su futuro.
Son los sentimientos del dolor melancólico y los de la ilusión comprometida sentimentalmente.
Hay una forma de ser que tenemos comunitariamente. Es admitir nuestro pasado. Y conocerlo… mucho antes de poder admitirlo. Ahora, es cierto que lo conocemos. Y entonces involucrarnos sentimentalmente con las ilusiones… Es el tirante y bello cabrestante de nuestras velas, que tensa tanto el mundo de ilusiones de las velas, en los aires, como uno ficticio, porque nos cuesta mucho imaginar, de unas quillas hacia lo profundo de las aguas de nuestro pasado. Ambas partes de nuestro cuerpo, sentimental y en todos los aspectos, se mueven dentro de sus medios, el futuro y el pasado. Eso también es parte de la tensión del cabrestante de dos cuerdas… Algo que solemos llamar corazón.
Eso es navegar…
El árbol de las ilusiones.
Hay quien dice que construimos un edificio con nuestras ilusiones. Que construimos sus cimientos, que ponemos ladrillo sobre ladrillo para edificar, piso por piso nuestro mundo de ilusiones. Hay quienes dicen que terminar una relación es como destruir un edificio. Derrumbarlo. Hay quienes piensan que luego de una relación terminada, se juntan escombros, no sé si para tener el suelo limpio o para reutilizarlos en nuevos materiales de la construcción.
Pero un amigo me dio la idea de que nuestras ilusiones conforman un árbol. Un árbol que está vivo. Comienza desde una mínima semilla, que a su vez es ilusión de otro ser vivo. Continúa siendo una pequeña planta, crece con sus hojas, su tallo y sus raíces… Se ramifica en ilusiones que abarcan las cosas que nos pasan en la vida, moviéndose hacia un sol y bajo diferentes ritmos de diferentes actores naturales, que rigen nuestras ilusiones. Se alimenta de la tierra, del aire y del sol. Este árbol está siempre consciente de la vida y de la muerte, tiene hojas que mueren, ramas enteras, y a veces porciones importantes de su tronco, o ramas principales, se secan, se pudren, o se rompen y se caen. Terminar una relación es secar una rama, normalmente la principal. Hay que aprender a vivir con una parte del cuerpo muerto, hay que entender que esa parte está muerta, y terminar por secarla del todo, hasta que un día tal vez caiga. Hay que aprender, en esos momentos, a dar vida a las ramas vivas… aferrarse a las raíces, a las raíces más vivas, saber dónde está la vida luego de saber dónde está la muerte.
Pero un amigo me dio la idea de que nuestras ilusiones conforman un árbol. Un árbol que está vivo. Comienza desde una mínima semilla, que a su vez es ilusión de otro ser vivo. Continúa siendo una pequeña planta, crece con sus hojas, su tallo y sus raíces… Se ramifica en ilusiones que abarcan las cosas que nos pasan en la vida, moviéndose hacia un sol y bajo diferentes ritmos de diferentes actores naturales, que rigen nuestras ilusiones. Se alimenta de la tierra, del aire y del sol. Este árbol está siempre consciente de la vida y de la muerte, tiene hojas que mueren, ramas enteras, y a veces porciones importantes de su tronco, o ramas principales, se secan, se pudren, o se rompen y se caen. Terminar una relación es secar una rama, normalmente la principal. Hay que aprender a vivir con una parte del cuerpo muerto, hay que entender que esa parte está muerta, y terminar por secarla del todo, hasta que un día tal vez caiga. Hay que aprender, en esos momentos, a dar vida a las ramas vivas… aferrarse a las raíces, a las raíces más vivas, saber dónde está la vida luego de saber dónde está la muerte.
lunes, 7 de junio de 2010
Pensamientos escritos
Al que se le acostumbran las manos a escribir, a veces, le llega el gusto de pensar por escrito también. A veces es por necesidad de intentar guardar, o de poder simplemente recordar, algunas de las cosas que se pueden llegar a decir que hemos pensado alguna vez. Otras, es por el pensamiento emergente de estar escribiendo nada más, sin que nadie llegara a saber nunca cómo es que se llegó a empezar a estar escribiendo.
En todo caso, evidentemente no se está contando un cuento. Sin embargo, a veces, son cuentos de personajes que son ideas, en la aventura de llegar a ser verdad. O de intentarlo.
En todo caso, evidentemente no se está contando un cuento. Sin embargo, a veces, son cuentos de personajes que son ideas, en la aventura de llegar a ser verdad. O de intentarlo.
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