lunes, 10 de enero de 2011

Del miedo a la inseguridad

La única manera de vencerlo es entregarse totalmente a la vida. No temer perder todo lo que se tiene materialmente, y todo aquello que se tiene mentalmente pero no sentimentalmente. No temer perder aquellas ideas que no sean reales, aquellas ilusiones que no sean sensibles en algún punto, ilusiones que desconocen u ocultan ciertos aspectos de la realidad.
La única felicidad real es la de vivir las ilusiones que son reales. No quepa ninguna duda que estas son las ilusiones más grandes que podamos imaginar, o crear. La energía, la fuerza, solo viene del mundo.

Trabajos lingüísticos

Belleza, es una palabra que creo se me escapó del alcance.
Es una palabra que incluye a todas las demás, ahora, pienso.
Creo que todas las palabras de mi lenguaje, y de mis lenguajes, hacen referencia a esa. Quiero que hasta la sinceridad, la realidad, la oscuridad, el vacío, la muerte, la distancia... hagan referencia a la belleza, sean parte de ella.
Es increíble cómo podemos hacer estas transformaciones dentro de nuestro lenguaje y aún continuar con fe en él. Aún con más fe que nunca, me parece, incluso, ahora. Es increíble cómo podemos hacer esos trabajos revolucionarios poco a poco, suavemente, sin sentir ningún mareo.
Aún creo que el miedo y la ilusión son dos palabras a las que todas las demás hacen referencia, también. Y no puedo entender como puedo creer en tantas cosas a la vez.
El miedo y la ilusión fueron sufriendo esa transformación dentro mío en sus momentos, parecidas a la que la belleza termina de sufrir ahora. Esta transformación mediante la cual todas las cosas se fueron poniendo sus máscaras, o fueron conteniendo sus escencias directas en el interior, con tranquilidad, con evidencia clara.
Miedo, ilusión... como los motores universales. Y la belleza... como la descripción universal. La belleza como algo estático pero que incluye a los motores y a todos sus movimientos. Algo estático pero muy, muy grande, y muy, muy amplio. Muy abierto. Múltiple.